Metodologías para fomentar la participación en el aula (III)

Por 19 septiembre, 2019Educación

Las metodologías participativas son ejercicios, herramientas y dinámicas que conciben a los participantes como agentes activos en la construcción del conocimiento y no como simples receptores, implicándolos en el proceso de enseñanza-aprendizaje y mejorando su receptividad y la inteorización de conocimientos, además de fomentar otros valores como la cooperación, el diálogo, la independencia o la creatividad. En artículos anteriores, hemos hablado de estructuras que fomentan la participación y de técnicas y dinámicas para aplicar en el aula. En esta tercera entrega nos centramos en el uso de los espacios físicos del centro educativo. Recuerda que puedes encontrar más información sobre metodologías participativas en en el manual Itinerarios de participación en centros educativos que realizamos junto a la Asociación Madre Coraje.

Favorecer el acceso de las familias al centro

Ejemplo de actividad con participación de la familia en la escuela, del CEIP Adriano del Valle de Sevilla

Una mayor participación de las familias implica también que tengan un mayor acceso al centro educativo. No podemos pedir más participación si muchas veces las familias no saben qué ocurre en el centro de puertas para adentro, y el profesorado y personal administrativo son desconocidos para ellos. Por ello, es necesario abrir el aula y otros recursos del centro a las familias. Esto se refleja, por ejemplo, en permitir a padres y madres a acompañar a sus hijos/as pequeños al interior del aula, y así evitar imágenes de llantos a las puertas del colegio que se pueden ver en los primeros ciclos de Educación Infantil. Este gesto tan simple no sólo beneficia al adulto, que puede irse con la tranquilidad de dejar a su hijo/a en un buen estado, sino también para el niño/a, que percibe el centro educativo como un lugar seguro y de confianza. Esta apertura del aula a las familias puede ir más allá, con colaboraciones puntuales en las que el familiar acude a compartir una experiencia o conocimiento con todo el alumnado. También se puede fomentar la participación de las familias organizando talleres formativos dirigidos específicamente a ellas o creando una Escuela de Familias, un espacio de encuentro y reflexión colectivo que sirva para mejorar las competencias y conocimientos de las familias en el desarrollo de sus funciones cuidadoras, educativas y socializadoras.

Estructura del aula

Dentro del aula, la medida más básica para fomentar la participación es agrupar al alumnado en diferentes subgrupos para potenciar el trabajo en equipo y el aprendizaje colaborativo. No hablamos de simplemente hacer grupos para una actividad concreta, sino de crear grupos estables de trabajo, teniendo presente que sean lo más heterogéneos posibles, para facilitar la diversidad y la inclusión. Un paso más allá es modificar la estructura del aula, cambiando el ordenamiento de las mesas para romper la formación clásica mirando hacia el profesor o la pizarra a otra en la que el alumno/a no es un espectador pasivo. Algunos ejemplos de ordenamiento que fomentan la participación son mesas colocadas por grupos, en círculo o semicírculo, o en forma de L. Otras opciones más caras pueden ser aulas espaciosas en las que se instalan gradas para dar clases en formato debate; o pintar las paredes del aula con pintura pizarra para utilizar este recurso. Obviamente, cada centro conoce sus limitaciones, pero cuando hay voluntad la creatividad puede sustituir al dinero.

Uso de los espacios comunes

Huerto urbano escolar del CEIP Adriano del Valle, de Sevilla

Otra práctica sencilla referida a las instalaciones del centro es aprovechar espacios considerados no lectivos para el desarrollo de actividades. Por ejemplo, los pasillos o zonas comunes como la entrada o la biblioteca. Estas actividades pueden ir desde la exposición de trabajos, posibilitando que otros compañeros/as conozcan la labor realizada dentro del aula; hasta clases y ejercicios que se puedan desarrollar fuera del espacio propio del aula. También se pueden habilitar o crear nuevos espacios, como, por ejemplo, un huerto urbano, un recurso que está a la mano de prácticamente todos los centros (en la actualidad, ni siquiera es necesario tener un trozo de terreno, ya que es posible construir bancales económicos en los que plantar) y que ofrece numerosas ventajas educativas desde la practicidad que da el manejar un huerto y poder aplicar en él lo aprendido en clase.

El patio de recreo

Para empezar, en el patio se debe fomentar un uso compartido e igualitario del espacio. Se debe dar posibilidades a desarrollar juegos o actividades diferentes al fútbol. En este sentido, cada vez son más los colegios que limitan o prohíben el fútbol durante el recreo, medida no exenta de debate y polémica, pero que permite que el patio pueda ser utilizado por todos/as en igualdad de condiciones. También se pueden realizar juegos populares y cooperativos, ya sea mediante un profesor/a responsable que se encargue de organizarlos, o bien creando espacios para ellos, como pintando una zona del patio con juegos como la rayuela, el twister o el tres en raya. Un paso más allá es organizar y dinamizar el horario de recreo, como por ejemplo hace el CEIP Andalucía de Sevilla, donde cada año el claustro crea un cuadrante donde se especifica qué actividades puede elegir hacer el alumnado durante el recreo y qué espacios se habilitan para ello, estando estas actividades organizadas y/o supervisadas por el profesorado. Otro ejemplo es el CEIP Adriano del Valle, también de Sevilla, donde en el horario de recreo el alumnado puede optar por ayudar en el huerto escolar del centro o ir al aula de música donde la profesora imparte clases de violín. Con estas actividades, se evitan conflictos y peleas, se elimina la discriminación que suele existir entre niños/as de diferentes edades, y se fomentan valores como el compañerismo o la igualdad.

Bibliotecas tutorizadas

Decoración con cuentos y libros del CEIP Andalucía, de Sevilla

Las bibliotecas tutorizadas no es más que abrir las bibliotecas a todo el mundo, no sólo el alumnado, ampliando su horario más allá del lectivo (por las tardes, durante el fin de semana, etc.). Esta extensión del tiempo de aprendizaje se lleva a cabo con voluntariado cuyo papel es el de promover la ayuda mutua y optimizar las interacciones entre los participantes de las actividades que se lleven a cabo. Se trata de hacer de la biblioteca un lugar de todos, donde puedan compartir adultos y niños, donde se puedan trabajar iniciativas diferentes a las que se realizan en la escuela, donde adquirir competencias de una manera más práctica, donde estudiar, donde jugar y, en definitiva, donde aprender. A través de ellas se pretende fomentar la cooperación y una buena relación entre alumnado de diferentes edades, voluntariado y demás personas involucradas. Se ha demostrado que este tipo de actuación conlleva un importante impacto en la mejora del rendimiento educativo de los alumnos que participan en ellas. Mediante estas bibliotecas se consigue además que el alumnado que necesita un refuerzo educativo no quede segregado en clases separadas, con la visibilidad que ello conlleva, sino que se integren este tipo de refuerzos como una actividad más de las que se realizan en el espacio. Un ejemplo destacado de biblioteca tutorizada es la que realiza el CEIP Andalucía con su biblioteca Fantasía.  Aquí puedes encontrar una guía para saber cómo realizarla en tu centro.

Con esta entrega, terminamos (por ahora) nuestro análisis de metodologías participativas. Puedes consultar las entradas anteriores:

También puedes consultar el manual Itinerarios de participación en centros educativos que realizamos junto a la Asociación Madre Coraje y que es de descarga gratuita en su web.

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