La comunicación, participación y educación ante los residuos (II)

El otro día vimos la importancia de la comunicación ambiental, educación y participación para trabajar la problemática asociada a la generación de residuos. En este artículo, abordaremos cómo se puede trabajar desde el punto de vista de la educación ambiental y cuáles son los principales obstáculos y barreras que nos enfrentamos.

 

Consideraciones metodológicas desde la Educación Ambiental:

Para abordar la temática de los residuos, al igual que otra materia ambiental, es imprescindible una visión global de la problemática y sus efectos.

Para conseguirlo, es necesario que se tenga una buena comprensión de los elementos naturales, económicos y sociales que intervienen en el proceso, así como de nuestro doble papel como responsables del problema y como parte de la solución.

Alcanzar esta meta es el objetivo de la formación, la sensibilización y la capacitación ambiental. La metodología que favorezca este aprendizaje debe ser flexible, transversal y continua.

Los profesionales de la Educación Ambiental que busquen concienciar y crear hábitos de comportamiento más respetuosos con su entorno, deben facilitar un proceso de enseñanza y estrategia que cumplan los siguientes principios:

  • Enfoque globalizador para abordar los problemas, las situaciones y los acontecimientos dentro de su contexto y totalidad. 
  • Potenciar el autodescubrimiento, la observación, la manipulación y la puesta en común que ayude a la búsqueda de conclusiones y soluciones.
  • El monitor/educador es sólo el guía y el mediador, siendo la actividad constructiva del participante el factor decisivo en su propio aprendizaje. 
  • Basada en la participación y la acción. 
  • La creatividad y el asumir riesgos se proponen como vías para solucionar problemas. Las actividades creativas son utilizadas para que los participantes expresen sus ideas y sentimientos. 
  • Los contenidos del programa deben ser adaptados a las características del grupo, su nivel de conocimientos, etc.; y las actividades al espacio, tiempo y recursos de los que disponemos. 
  • Evaluar continuamente las acciones que se llevan a cabo.

Por último, en todo momento debe fomentarse un trabajo cooperativo, entre iguales y en el que no existan discriminaciones de ningún tipo.

 

Barreras que dificultan el conocimiento y la acción 

 

La conciencia ambiental es el conjunto de percepciones, opiniones y conocimientos acerca del medio ambiente, así como de disposiciones y acciones (individuales y colectivas) relacionadas con la protección y mejora de los problemas ambientales. Se trata de un concepto multidimensional en el que se distinguen las siguientes cuatro dimensiones: cognitiva (referida a la información y conocimiento), afectiva (creencias, valores, sentimientos de preocupación), disposicional o conativa (actitudes) y activa (comportamientos o conductas individuales y colectivos):

Psicología ambiental

Foto de la Campaña RECAPACICLA – Junta de Andalucía

Dimensión Faceta
Afectiva Preocupación personal por el estado del medio ambiente y la percepción de su gravedad.
Cognitiva Grado de información general sobre la problemática; conocimiento específico sobre ello; conocimiento (y opiniones) sobre las políticas ambientales sobre este tema.
Disposicional Percepción de la acción individual; interés en realizar diversas conductas proambientales; disposición a asumir costes asociados a distintas medidas de política ambiental.
Activa

Mide el carácter de diferentes acciones ambientalmente responsables, ya sean individuales o colectivas, incluidas aquellas que requieran un esfuerzo o compromiso importante.

 

Fuente: Elaboración propia a partir de “La operacionalización del concepto de conciencia ambiental en las encuestas” (Jiménez y Lafuente, 2006).

 

Para que una persona adquiera un compromiso e integre la variable ambiental en su toma de decisiones diarias, es necesario que ésta alcance un grado adecuado de conciencia ambiental a partir de unos niveles mínimos en sus dimensiones cognitiva, afectiva, conativa y activa. Estos niveles actúan de manera sinérgica y están íntimamente relacionados con el ámbito geográfico, social, económico, cultural y/o educativo en el cual el individuo se posiciona.

La Educación Ambiental debe ser, por tanto, una herramienta activadora de la conciencia ambiental de las personas. En numerosas ocasiones, se percibe una falta de correspondencia entre las actitudes expresadas y las acciones en relación con el medio ambiente. Buscar las causas de esta inconsistencia es clave para superarlas y poder conseguir que un programa ambiental tenga éxito.

Para analizar estos impedimentos, se pueden considerar que parten de dos fuentes distintas:

  • Dificultades para el conocimiento: deficiencias pedagógicas o de diseño.
  • Barreras para la acción: ausencia de herramientas para llevar a cabo la acción de mejora.

 

 Dificultades para el conocimiento en Educación Ambiental: 

 

Conocer la base del problema, así como los actores que en él intervienen, es esencial para conseguir un cambio de conducta. Sin tener claro los conceptos no se puede tratar de conseguir una resolución práctica del problema y, aún menos, una implicación ciudadana en la solución.

Las barreras que nos encontramos en este ámbito son de una naturaleza muy variada, y es necesario analizarlas una a una para atajar los posibles conflictos que supongan a la hora de elaborar y realizar un programa de Educación Ambiental.

  • La formación de los profesionales. La relevancia de la temática ambiental es relativamente reciente. Este hecho implica que muchos profesores, educadores y monitores no han sido formados o preparados en materia ambiental o en la forma de tratarla en el aula. La convicción y la dedicación para llevar a cabo una actividad de concienciación ambiental se ha basado más en la propia motivación de los profesionales que en la formación que éstos han recibido.
  • El carácter multidisciplinar del medio ambiente y su problemática dificulta su tratamiento en un sistema educativo que divide y acota en diferentes materias su contenido.
  • La complejidad de la relación entre los diferentes elementos en el medio natural. Entender los conceptos implicados en la generación y gestión de los residuos no es suficiente. Es difícil entender las causas y asimilar las consecuencias a medio y largo plazo, vincularlas con nuestro estilo de vida y modelo de sociedad y que deriven en un patrón de comportamiento más respetuoso con el medio. 
  • El concepto de basura frente a residuo. Socialmente “basura” es un término muy extendido que posee unas connotaciones negativas que se asocian a  gasto o coste. Todavía no está asentada la idea de residuo como valor o recurso, como oportunidad para ser aprovechado de nuevo o para producir energía. Así mismo, residuo es un término más académico o técnico frente al de basura, mucho más popular y utilizado en el lenguaje cotidiano. 
  • Información contradictoria o errónea. Es imprescindible acudir a entes u organismos rigurosos o contrastados –administraciones públicas, universidades, entidades sin ánimo de lucro como Ecoembes o Ecovidrio –para recabar información, compararla y corroborarla. También hay que ser muy cuidadoso con las estadísticas publicadas y tener en cuenta a qué se refieren, al año o periodo citado, cuál es la fuente que las publica, etc.-.
  • Los perjuicios ambientales no tienen un efecto inmediato en el tiempo. Cuando se enumeran las posibles consecuencias que ciertos comportamientos pueden tener para nuestro entorno, es difícil que se pueda contrastar de manera directa y al instante. Además, los problemas generados suelen transcender del ámbito local del individuo. 
  • Existe una confusión generalizada entre los términos separar, reciclar y reutilizar. Suelen usarse como sinónimos aunque hagan referencia a acciones distintas. Se separan los residuos para depositarlos correctamente en su contenedor específico; se reutilizan los residuos cuando se usan para un mismo fin u otro; y se reciclan los residuos cuando se tratan o se transforman para darles otro fin o aprovechamiento. 
  • Falta conciencia sobre los residuos que se generan porque los servicios de recogida y tratamiento de residuos funcionan óptimamente en España. En periodos de huelga, se puede comprobar el trastorno que ocasionan la acumulación de residuos y suciedad en las calles y lo que supondría no disponer de un sistema de gestión de los residuos como el actual. 
  • Falsas creencias como “separando los residuos le estoy haciendo el trabajo a otro al que ya pago”. Si no se separarán los residuos, el sistema de tratamiento de los residuos sería mucho más contaminante, más costoso y se reciclarían menos residuos. Además, asociado al reciclaje de residuos existe una economía que genera numerosos puestos de trabajo que se perderían. 
  • La mochila ecológica de los productos que compramos. Este término es desconocido para la mayoría de la población y, sin embargo, es esencial para hacerse cargo de las consecuencias de nuestro consumo y de vislumbrar el verdadero gasto de recursos que supone la fabricación de los bienes que usamos a diario. Conocer este concepto, por tanto, pone de relieve la capacidad que la población tiene para decidir qué se va a consumir y valorar los materiales antes de deshacerse de ellos. La mochila ecológica es la suma de los materiales movilizados y transformados durante todo el ciclo de vida de un bien de consumo, desde su creación, hasta que se convierte en un residuo.

 

* Para fabricar un ordenador son necesarios 1.500 kg de materias primas?

 

*Para un teléfono móvil 75 kg de materias primas?

Asociado a nuestros residuos y productos que consumimos hay otras materias primas

 

 

 Dificultades para la acción en Educación Ambiental

 

  • La falta de medios o de una infraestructura adecuada. Suele ser uno de los principales obstáculos o argumentos que los ciudadanos señalan a la hora de explicar su escasa o ausencia de colaboración en el reciclaje de los residuos. La localización de los contenedores o la densidad en la que están repartidos por los municipios suponen las quejas más comunes de los usuarios.

 

  • Operatividad complicada por el diseño de algunos contenedores. Algunos de ellos (especialmente los soterrados) tienen una apertura pequeña en comparación con el diseño habitual de las bolsas de basura estándar. Este hecho provoca que muchos usuarios desistan de meter sus desechos dentro del contenedor y los abandonen en la calle, con el impacto visual y el olor que este hecho conlleva.

 

  • Los errores en la separación selectiva. La falta de información a veces provoca que la separación en origen se haga inadecuadamente. Según la naturaleza del residuo, este hecho puede ser más significativo o menos. En el caso del papel y el cartón, si al depositarlos en el contenedor azul están manchados con restos de materia orgánica pueden provocar que, tanto la cantidad depositada como parte de la que se encuentra en el contenedor, queden inservibles por el proceso de fermentación.

 

  • Las malas experiencias que provocan falta de motivación. En muchas ocasiones, un caso puntual causa más impresión que una buena gestión de forma diaria.

 

  • El espacio en casa. A pesar de que hoy día es habitual encontrar cubos de basura que permiten la separación, el espacio en los hogares sigue siendo una barrera  en la motivación para separar los residuos.

 

contenedor amarillo ecoembes

Foto de Ecoembes

  • Falta de motivación basada en la ausencia de resultados. Los esfuerzos de los ciudadanos no se ven plasmados ni en datos ni en mejoras. “Ayudar al medio ambiente” es un interés común pero muy poco específico. Conocer los datos del reciclaje y ver los resultados plasmados en hechos motivan a seguir esforzándose, como pueda ser la reducción de la tarifa de recogida en aquellos lugares donde se separan correctamente los residuos. Existen campañas de concienciación positiva que muestran los resultados del reciclaje. Muestran, por ejemplo, el mobiliario urbano que se hace gracias al plástico separado en los hogares, o que a partir de 40 botellas de plástico se puede hacer un forro polar.

 

  • Falta de información sobre la ubicación y los horarios de los puntos limpios. Los puntos limpios son un elemento imprescindible en la gestión de los residuos. En ellos deben depositarse desechos que pueden ser peligrosos o que por su volumen no pueden dejarse en los contenedores. La red de puntos limpios de Andalucía es la siguiente:

 

puntos limpios Andalucía

Puntos limpios en Andalucía. Foto de la Web de la Junta.

  • Falsas creencias, debates, polémicas e intereses particulares. Existen muchos mitos acerca de la separación selectiva en los hogares y del reciclaje en las plantas que limitan el apoyo ciudadano a esta causa. Una vez más, la información es la principal aliada para paliar este tipo de circunstancias.

 

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR